Esperanza

22 Abr

Sé muy pocas cosas de mis abuelos y es algo que me da mucha pena. Por circunstancias de la vida nunca he pasado mucho tiempo con ellos y las visitas se han ido espaciando en el tiempo cada vez más a medida que me hacía mayor. De niña recuerdo que una de mis abuelas me contaba historias de cuando era pequeña y a mí me encantaba, pero después, cuando fui creciendo, me parecía impertinente aparecer por su casa e interrumpir cualquier conversación, por intrascendental que fuera, para pedir que me contara más cosas. Y me temo que, en general, nadie en mi familia ha sido mucho de contar su historia. Mis padres solían contarme las trastadas que hacían de pequeños (especialmente mi madre, mi padre siempre hacía más hincapié en lo  formal y buen estudiante que había sido), a mi padre le encanta recordar aquella época en que (siempre según él) traía a todas las chicas locas… pero nunca he conseguido que mi madre me contara, por ejemplo, si había tenido más novios además de mi padre. Me da pena porque me encanta que me cuenten cosas, saber cómo eran, qué querían, qué sentían… pero en el caso de mis abuelos esa falta de información es mucho mayor y mucho más triste.

Mi abuela Esperanza murió la semana pasada y todo lo que puedo decir de ella es que le encantaba hacer ganchillo y ver las telenovelas que ponen en TVE después de comer. Que siempre le gustaron mucho las plantas y hasta hace unos pocos años, solo con ver una foto de una, era capaz de decirte su nombre y cómo debías cuidar de ella. Que era muy devota de la virgen de Fátima y siempre le pedía que nos diese salud y nos fueran bien los exámenes. Que, antes de que se fuera a vivir con mi abuelo a casa de mi tía, siempre tenía preparadas en casa unas bolsas con gominolas y chocolatinas para cuando íbamos de visita. Y siempre nos pedía que le dejáramos algunas gominolas a mi padre, porque sabía que aquellas en concreto le gustaban. Le gustaba muchísimo Chenoa y Bisbal también, al principio. Cuando él la dejó mi abuela aprovechaba cualquier ocasión para ponerlo verde… era como si hubiera hecho daño a una de sus nietas. La casa de mis abuelos parecía un bazar: estaba llena de figuritas, relojes, plantas (tanto de verdad como de plástico) y trastos varios.  De pequeña siempre quiso una muñeca pero no pudo tenerla y hace unos años, por Reyes, le regalaron la muñeca de la infanta Leonor y la miraba como si fuera el mayor de los tesoros.

También sé, por los trocitos de información que he ido recopilando aquí y allá, que era cinco años mayor que mi abuelo. No estoy del todo segura, pero creo que se casó alrededor de los 30 años. Tuvo dos hijas, cinco nietas, un nieto y dos bisnietos. En su casa eran 12 hermanos. Su padre era muy alto y su madre muy conocida en la zona porque bailaba muy bien. Su madre salió de extra en la película Marianela y, cuando murió, la noticia salió en el periódico (ya os digo que era conocida). Durante la guerra, o justo después, pasaron mucha hambre en su casa. He oído que alguna vez tuvo que comer mondas de patatas. Y que su padre estuvo en la cárcel por pertenecer a un sindicato y que, como no tenían para comer, su madre una vez salió a pedir a la calle y le dio tanta vergüenza que no pudo hacerlo y volvió a casa con un ramo de flores. Conoció a mi abuelo en Salamanca cuando fue a trabajar allí y después volvieron a Asturias, se casaron y él empezó a trabajar en la mina. Creo que en más de una ocasión tuvo que correr delante de los grises, por protestar por la situación de los mineros.  Aunque yo siempre la he conocido como una señora mayor, sé que era muy guapa porque la he visto en fotos.

Ha vivido 91 años. No tuvo una vida fácil, pero estoy segura de que fue muy feliz. Y yo, lo que más siento, es no saber más cosas de ella. No haber preguntado nunca cómo conoció a mi abuelo, cuánto tiempo fueron novios antes de casarse, si le gustaba Salamanca, a qué le gustaba jugar de niña o si ella también sabía bailar como su madre.

Pero, aunque haya muchas cosas que no sé, hay otras que van a estar siempre en mi memoria. Y, por eso, aunque Esperanza se haya ido, yo no la pierdo.

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3 comentarios to “Esperanza”

  1. yamane79 22 de abril de 2012 a 11:01 AM #

    Es un post muy bonito… y te entiendo muy bien. En mi casa no se hablaba tampoco mucho de esas cosas, en el caso de mi abuela materna. Fue madre soltera y mi abuelo por lo visto estaba casado y con hijos… era un tema delicado y yo no me atrevía a preguntar, pero tengo otra parte de “familia” por ahí y nunca sabré nada de ellos… fue una historia muy triste y nunca quise preguntar para no poner triste a mi abuela 😦

    Siento que Esperanza se haya ido, pero como tú dices no la vas a perder. Sigue contigo, seguro. Y todos sus recuerdos también.

    Un beso.

  2. Mirichan 22 de abril de 2012 a 11:01 AM #

    Mi bisabuela también se llamaba Esperanza 🙂

    Es una pena que se haya muerto tu abuela y te quede la sensación de que se ha ido dejándose un montón de cosas por contarte. Lo bueno es que puedes recuperar la “oportunidad perdida” con cada persona que se te cruza en el camino. Yo les meto unos interrogatorios a los señores mayores que me encuentro en la consulta del médico que parece que soy familia suya: que si de dónde es usted, que en qué trabajo, que cuál fue la pasión de su vida, que si ya se quiere morir o todavía le quedan cosas pendientes… Algunos hablan y hablan (y a mi me encanta escucharles) y otros prefieren quedarse callados con sus secretos dentro de sus corazones…

    ¿Cómo seremos tú y yo cuando seamos viejitas?

  3. nebulina 22 de abril de 2012 a 12:21 PM #

    De mis abuelos maternos, que siguen vivos, sé algo más, pero de los paternos..a ella no la llegué a conocer y con de mi abuelo supe más cosas de este tipo cuando estaba en el hospital. Me veo reflejada al leerte, porque cuando falleció hace unos meses empecé una búsqueda sobre esa parte de la familia que no puedo dejar (y resulta que con internet he encontrado cosas que no pensé encontrar nunca)
    Un beso

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